Nápoles es una de las ciudades más grandes de Italia e incluso del Mar Mediterráneo. Además de ser la capital de la Campania, una de las regiones más bonitas del país, es el tercer municipio más poblado tras Roma y Milán, con cerca de 3 millones de habitantes.

La ciudad de Nápoles domina el golfo que se extiende por la península sorrentina hasta la zona volcánica de Campi Flegrei. A lo lejos, tres magníficas islas surgen del mar, Capri, Isquia y Procida así como por el horizonte una imponente vista del Vesubio, el volcán que enterró Pompeya.

Pero no es conocida únicamente por su impresionante naturaleza. Nápoles entraña historia hasta el último rincón de sus calles. Su casco histórico engloba más de 2.500 años de historia y por ello está reconocida por la UNESCO en la World Heritage List.

Nápoles es una de las ciudades más antiguas de Europa, cuyo tejido urbano contemporáneo conserva los elementos de su larga y agitada historia. Desde que Neapolis fuera fundada por colonos griegos en 470 a.C. la Nápoles de hoy en día conserva la impronta de las sucesivas culturas que surgieron en toda Europa y en la cuenca del Mediterráneo.

La vida cotidiana de Nápoles llena de ruido y color sus calles. Sus monumentos y sus gentes hacen el resto. El diseño de cuadrícula rectangular de la antigua fundación griega aún es perceptible. Desde la Edad Media hasta el siglo XVIII, Nápoles fue un punto de referencia en términos de arte y arquitectura, expresado en sus antiguas fortalezas, los conjuntos reales como el Palacio Real y los palacios e iglesias subvencionados por familias nobles. El conocido Quartiere Spagnolo del siglo XVI conforma el centro histórico de la ciudad.

Historia de Nápoles

Sus orígenes se remontan a su fundación como Parthenope o Palaepolis en el siglo IX a.C., y posteriormente restablecido como Neapolis, ciudad nueva, en el 470 a.C. Ello la convierte en una de las ciudades más antiguas de Europa.

Nápoles fue una de las principales ciudades de Magna Graecia, desempeñando un papel clave en la transmisión de la cultura griega a la sociedad romana. Con el tiempo se convirtió en un importante centro cultural en la República romana.

Pero poco queda ya de Parténope, el nombre dado por los griegos de la primera fundación de la ciudad italiana de Nápoles, además de las murallas griegas de vía Mezzocannone, excavadas desde la II Guerra Mundial.

Ruinas romanas se conservan mejor, entre las que destacan las excavaciones de San Lorenzo el Mayor, que acoge parte del ágora griega del siglo V a.C. y numerosos restos romanos. Un teatro romano, cementerios y catacumbas dan testimonio de esta historia.

En el siglo VI d.C., Nápoles fue conquistada por el Imperio bizantino, convirtiéndose en un ducado autónomo, más tarde asociado con los reyes normandos, suevos y sicilianos. La evidencia de este período incluye las iglesias de San Gennaro Extra Moenia, San Giorgio Maggiore y San Giovanni Maggiore con elementos de la arquitectura de los siglos IV y V, la capilla de Santa Restituta en la catedral del siglo XIV y el Castel dell’Ovo, uno de los restos más importantes del período normando y posteriormente remodelado.

Con la Casa de Anjou (1265-1442), Nápoles se convirtió en el símbolo vivo del prestigio, la dignidad y el poder de la dinastía. La ciudad se expandió para incluir suburbios y aldeas vecinas. Los Angevinos iniciaron una relación influyente con el arte y la arquitectura occidentales, particularmente el gótico francés, integrado con los elementos griegos y árabes anteriores.

Los conventos de Santa Chiara y San Lorenzo Maggiore y las iglesias de Donna Regina e Ilncoronata, San Lorenzo Maggiore, San Domenico Maggiore y la nueva Catedral datan de este período.

Desde el siglo XV hasta el XVII, Nápoles estuvo gobernada por la Corona de Aragón, quienes remodelaron las defensas y el patrón de las calles, y construyeron el Castel Nuovo, como uno de los principales centros de su imperio. El período de dominio español está marcado por la construcción del Palacio Real en el año 1600, en la imponente Piazza del Plebiscito, la institución caritativa Monte dei Poveri Vergognosi, el convento de Sant’Agostino degli Scalzi y el Colegio Jesuita de Capodimonte.

A partir de 1734, bajo los Borbones, Nápoles surgió, junto con París y Londres, como una de las principales capitales de Europa. El patrimonio arquitectónico de Nápoles de este período fue muy influyente, y se expresa particularmente en el diseño interior de los palacios reales y las residencias nobles. Los palacios más importantes del siglo XVIII incluyen el gran palacio Albergo dei Poveri, el Museo Arqueológico Nacional, la Certosa de Suor Orsola Benincasa sobre la colina de San Martino y la Villa Pignatelli.

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